headerTras su paso por el PC hace justo un año, por fin llega a las consolas uno de los indies de estética más hermosa que se recuerda, Jotun: Valhalla Edition, del estudio Thunder Lotus Games.

Es curioso – o tal vez no sea casualidad – que Thunder (Trueno) esté tan asociado a la mitología nórdica, que la mayoría asociamos con Thor, el Dios del Trueno y que también está presente en el juego. El gusto por esa cultura escandinava está muy presente en el desarrollo del título que aquí analizamos, y es importante señalarlo porque si sois afines a esta estética y ambientación (de la que también beberá, cabe recordarlo, el próximo God of War) el juego será altamente recomendado para vosotros.

Jotun visualmente entra por los ojos, su ambientación es una gozada, rasquemos en su superficie para saber si merece la pena o si sólo se trata de otro envoltorio bonito.

Impresionando a los Dioses

La historia de Jotun: Valhalla Edition es sencilla, controlamos a Thora, una vikinga que sufre la desgracia de no caer en combate, sino ahogada y a merced del Dios de las profundidades del océano. Por suerte para ella, es agraciada con una oportunidad de demostrar a los dioses que es digna de acceder al Valhalla, pero para ello tendrá que hacer méritos.

Para ello, nuestra guerrera deberá ir recorriendo las distintas zonas del Ginnungagap, un portal que sirve de “base” o centro de todo. Tendremos libertad para acceder a los niveles que queramos (con dos zonas cada uno), decidiendo en cada mapa si queremos acceder al conocimiento de cada runa para seguir avanzando o explorar para ir aprendiendo poderes y habilidades, como la sanación, que serán vitales en nuestros enfrentamientos contra grandes jefes finales.

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La fuerza de la narrativa no está en la historia de Thora en sí, de la que no se dan muchos detalles, sino en ir conociendo las distintas leyendas, objetos mitológicos y en general retales de esa cultura que a tantos fascina. El cariño que ha puesto el estudio en ofrecernos ese conocimiento es digno de aplauso.

Los preparativos para la batalla

La jugabilidad de Jotun se divide en dos partes: Luchar y explorar. La mayor parte del tiempo la pasaremos recorriendo unos mapas de un tamaño no demasiado extenso pero con varios caminos. Al contrario de lo que suele ser habitual, el mapa no marca nuestra posición y en ocasiones nos podemos ver algo perdidos.

Para combatir la monotonía, a menudo Jotun nos propone pequeños puzles para seguir avanzando, cada nivel tiene una ambientación muy distinta y la mayoría de retos tienen mucho que ver con el entorno y están muy bien traídos, no son demasiado complejos pero aportan variedad al mero avance, incluso algunos son didácticos.

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El objetivo principal es ir localizando las runas, adquirir una enseñanza y, una vez completemos todas las runas del nivel, tendremos acceso al combate con el final boss, también conocido como Jotun. Es muy recomendable no quedarse ahí y buscar en el mapeado objetos como las manzanas de oro que nos otorgan más salud o los distintos poderes, como la fuerza del martillo de Thor o invocar a un clon.

 

La otra pata de la jugabilidad es la lucha. Aquí el juego ofrece una de cal y otra de arena, por un lado tenemos unos combates contra jefes finales muy interesantes, no sólo por el reto que supone aprender sus rutinas, también por lo espectacular que resultan siempre esos combates, sus diseños y su enorme tamaño que nos hacen sentir como una hormiga plantándole cara a un elefante.

El problema es que nuestros movimientos de combate están muy limitados, apenas tenemos el golpe débil (que podremos descargar un par de veces y luego esperar un tiempo hasta volver a atacar) y el golpe fuerte, que tarda demasiado tiempo en asestarse y frente a objetivos móviles es inviable. Aunque los poderes dan algo de variedad hubiese sido de agradecer un mayor número de movimientos o al menos que el personaje fuese aprendiendo distintos combos para que la lucha no quedase tan simple.

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Además en la exploración echamos en falta más combates, las pocas veces que nos enfrentamos a “enemigos” apenas suponen un reto. Es posible que precisamente las limitaciones en el combate hayan provocado que la lucha casi se limite a los jefes finales y que no tenga sentido llenar las pantallas de enemigos correosos, pero queda una sensación negativa por no haber trabajado más esos dos apartados.

Finalmente hablamos de la duración. El juego se puede completar sin problemas en unas 4 horas, 6 si queremos sacar el 100%. No es muy rejugable, por suerte en esta edición han incluido dos novedades respecto al original de PC: Un nuevo modo de dificultad muy duro y el modo “Boss Rush”, que es básicamente ir enfrentándonos a los distintos jefes finales de forma seguida, sin pasar por las fases de exploración.

Un lienzo en movimiento

La primera vez que inicié el juego sin conocer su estética mi personaje permaneció inmóvil unos segundos, y eso fue porque pensaba que aquello iba a ser una cinemática, una escena digna del estudio Ghibli. Los primeros minutos avanzando por los majestuosos mundos que ha creado Thunder Lotus, la primera vez que la cámara se aleja hasta hacer que nuestro personaje apenas sea un punto rodeado de montañas, bosques  y caminos son momentos que quedan guardados en la retina y que consiguen que encaremos el juego con muchas ganas.

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Gráficamente es un juego que entra por los ojos y cuenta con un diseño de jefes espectacular, así que siempre tiene algo con lo que sorprender, aunque como es lógico el impacto inicial se va apagando y al juego le va pesando su limitada propuesta jugable.

También hay que destacar su banda sonora, una selección de melodías que encaja perfectamente con la ambientación, suaves y relajadas mientras exploramos, épicas cuando nos enfrentamos a un Jotun, incluso aumentando el ritmo a medida que el combate se hace más encarnizado.

Conclusiones

Dicen que la primera impresión es la que cuenta, y en eso Jotun gana a muchos por goleada. Es cierto que no posee la profundidad jugable ni la duración que hubiésemos deseado, pero se compensa por los momentos que brinda, la capacidad de transmitir una magia ancestral, una cultura que después de tantos años sigue muy presente en nuestra memoria.

Y tiene más mérito aun cuando el estudio detrás del juego lo forman solo tres personas, que hicieron realidad el proyecto gracias al Crowfunding y a un enorme talento como artistas gráficos. El apartado técnico y la ambientación son sus puntos fuertes, los bosses, tanto por su diseño, como por el reto que supone acabar con ellos, son otra razón de peso para recomendar el juego.

Jotun: Valhalla Edition es un título simple y corto, pero también hermoso y mágico. Un juego que merece una oportunidad porque asegura regalar grandes momentos. Casi, casi tan grandes como sus jefes finales.

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