En nuestro último podcast dedicamos una sección a un tema que tiene en vilo a la comunidad, o al menos a una parte: la posibilidad de que vuelvan a surgir consolas vitaminadas, como PS4 Pro o XBox One X, a mediados de la siguiente generación.

Si ya habéis escuchado el podcast, sabréis que personalmente recelo de esta idea. De hecho, me resultó curioso cómo a todos mis compañeros les parecía algo correcto, bien, bueno, ya se verá…

¿De verdad queremos consolas vitaminadas en la próxima generación?

En mi caso, con unos cuantos años de vicio a cuestas, tengo demasiados recuerdos de consolas que nacieron como murieron, y que en todo caso recibían alguna revisión estética que nunca generó polémica y cuya intención era impulsar un poco las ventas.

En el podcast quise dejar algo muy claro: en esto de los videojuegos no se puede uno quedar en el inmovilismo, temeroso de cualquier cambio que lo saque de su zona de confort. No os confundáis, yo estoy a favor de los avances, mismamente soy un ferviente defensor de la realidad virtual.

Pero hay cosas que implican avanzar y otras que suponen meternos un gol por toda la escuadra. No dudo que habrá chavales enamorados de las loot boxes, defensores de los parches de 40 GB o complacientes con los DLC recortados del propio juego. Son el producto de una sociedad en constante cambio, donde no es fácil encontrar referencias claras.

Es obvio que el progreso se fundamenta en los cambios, pero también la involución. Así, lo que acabo de nombrar son ejemplos de perjuicios claros para la comunidad, por mucho que algunos se empeñen en aplaudirlo. El pago por jugar online sería otro, con la excusa de los juegos que te “regalan” como principal argumento a favor.

¿Y las consolas inter-generacionales? Sin matices: MAL.

Todo lo que no sean las revisiones estéticas que he mencionado, desvirtúa la idea en que se sustentan las consolas: un hardware cerrado que, precisamente por eso, se exprime al máximo y acaba dando lugar a juegos insólitos al final de cada generación, muy por encima de lo que las limitaciones técnicas sugerían; una máquina igual para los millones de usuarios que la han comprado, en la que los títulos se ajustan al milímetro y no hay más opciones gráficas que cambiar el brillo.

Es posible que muchos penséis: “los juegos han seguido funcionando bien en PS4 Fat/Slim, en todo caso es Pro el modelo que ha sido desaprovechado”. Cierto, esto es algo de lo que también hablé en el podcast, pero igualmente dije que sienta un peligroso precedente.

Si me aseguran que todos los títulos van a ir bien en el modelo “base”, me parece fenomenal. Pero si las compañías consiguen que todos los usuarios pasen por el aro y renueven su consola, mucho mejor para ellas; y si logran hacerlo no una, sino dos o tres veces por generación, o incluso llega un momento en que desaparece el concepto de generación, tanto mejor para sus arcas.

¿Qué pasaría si empezamos a ver juegos que van a trompicones o que en cualquier caso se descuidan en el modelo base? Poco a poco, cada vez más… En esta generación se han cuidado mucho de no hacerlo, pero yo no pondría la mano en el fuego. Y sinceramente: si me tengo que ir actualizando, prefiero hacerlo en un PC donde elijo qué cambiar y cuándo; o por qué no, podría decantarme por Google Stadia, de cuyo hardware al fin y al cabo se ocupan otros para que tú sólo juegues. ¡Tendría narices que al final sea Stadia lo más parecido a una consola tradicional!

Luego está el llamado plan renove, del que también hablamos en el podcast. Es un engaño. La gente tiende a pensar que al final se ha gastado lo que pagó por la consola original más la diferencia del cambio. Esto es relativo. En realidad has pagado por dos consolas, lo que pasa es que has vendido una para conseguir la otra. Podrías haberla vendido para comprar cualquier cosa, ya puestos: una Switch, un ordenador, un móvil, etc. Lo cierto es que el plan renove consiste en vender tu consola por narices para comprar la misma, no vaya a ser que el anterior modelo se quede viejo.

Eso por no hablar de los pobres diablos que se lo piensan, dudan, no saben si dar el paso, miran el catálogo y un buen día dicen: “venga, es el momento de comprar tal consola”. Diles a esos usuarios literalmente semi-estafados que dos meses después va a salir la versión vitaminada y que su flamante consola nueva pasa a ser una antigualla, a ver qué piensan del plan renove y la extensión de la garantía -a mi parecer otra excusa para tragar-.

Por todo ello amigos míos, y porque sigo pensando que las consolas tienen su razón de ser, es por lo que doy la bienvenida a cualquier innovación, pero no a experimentos que desvirtúan el concepto mismo de una consola: juegos optimizados para un hardware cerrado, sin configuraciones. Y mira, si las generaciones tienen que durar algo menos, pues lo prefiero a un alargamiento artificial que, insisto, implica un riesgo evidente.

¿Quieres comentar esta noticia? Puedes unirte a nuestro CANAL DE DISCORD