Este análisis ha sido realizado con una copia facilitada por 505 Games. Juego disponible en PC, PLAYSTATION 4 (versión analizada) y XBOX ONE.

Introducción

Queridos amigos, debo confesaros que estoy muy ilusionado ante la idea de compartir con vosotros este análisis de Ghostrunner, y lo estoy porque definitivamente no estamos ante un juego más.

¿A dónde quiero ir? Pues mirad, llega un punto en que uno se aburre de escribir lo mismo sobre diferentes juegos que a fin de cuentas tienen estructuras y concepciones tan similares.

No es el caso de Ghostrunner, un título que puede atraparte o al contrario puede repatearte, pero que no pasa inadvertido. Voy a intentar explicaros por qué.

Aire clásico

Pare entender Ghostrunner lo primero que habría que decir es que bebe en parte de los first person shooter de los 90, no en vano 3D Realms está entre los equipos desarrolladores.

En este caso no hablamos de un clon como Ion Fury, sino de un juego perfectamente actual en lo técnico, que sin embargo conserva algo de ese toque chusco y accesible que tanto nos gustaba.

Lo irónico es que no hablamos de un shooter, para nada: en este caso Jack, el protagonista, se desenvuelve más bien a espadazos, como un ninja cibernético, caminando por las paredes y llegando a los puntos más insospechados del mapeado a base de saltos imposibles y toda clase de virguerías.

Quien mejoras eres tú

El la PlayStation 2 había un juego llamado Shinobi, que efectivamente pretendía ser una puesta al día del clasicazo de Sega. Pasó inadvertido, pero a mí me alucinó.

Lo que me gustó de aquel juego es que tu personaje era esencialmente igual durante toda la aventura, pero a medida que tú como jugador ibas enfrentando diversos retos llegabas a sentirte como un verdadero ninja, y lo que antes parecían barreras insuperables terminaban siendo incluso fáciles.

Pues bien, Ghostrunner mantiene intacta esta rara filosofía en el mundillo de los videojuegos. Sí, puedes ir adquiriendo una serie de mejoras a lo largo de los 17 niveles disponibles, pero son meramente testimoniales.

Por tanto seremos nosotros, sentados delante de la tele, quienes llegaremos a perfeccionar nuestro arte del ninjutsu hasta un punto que apenas unas horas antes nos hubiera parecido inaudito.

Codeándose con la frustración

Ahora bien, lo dicho anteriormente tiene dos requisitos. El primero es que tengas soltura con los juegos de acción y el noble arte del aporreo de botones. De lo contrario eres hombre muerto. El segundo requisito es que, aunque se cumpla el anterior, tengas la paciencia suficiente para repetir hasta la saciedad determinadas partes que se hace sumamente difíciles.

¿Y si te digo que en un mismo nivel puedes morir unas 200 veces, algo que además el juego te muestra con orgullo? Por fortuna en Ghostrunner los tiempos de carga tras espicharla son inexistentes, y los checkpoints abundantes. Esto y sólo esto evita que lances el mando por los aires, aparte de la satisfacción por avanzar y aprender la senda del ninja.

Como apunte, os voy a confesar una cosa. Una vez finalizado el juego me había dado cuenta de que no sería difícil conseguir el trofeo de platino, o eso pensaba. Uno de los trofeos exigía acabar un nivel sin morir. Pues bien… lo he dado por imposible después de perder no sé cuántas horas intentando pasarme el primer nivel del tirón. ¡Oye es que uno tiene varios juegos pendientes y no es plan!

Dos tipos de enemigos

En Ghostrunner hay dos encargados de amargarte la existencia: los propios enemigos y los omnipresentes precipicios.

Los primeros son sencillamente unos tíos con muy buena puntería, que a poco que bajes la guardia te colocan una bala entre ceja y ceja. Porque esa es otra, aquí no hay nada parecido a una barra de salud que te permita soportar varios impactos.

La variedad de antagonistas no es apabullante, pero Ghostrunner se las ingenia para ir añadiendo siempre nuevos, poco a poco, llegando a sumar al menos una docena más o menos. Algunos son de cuerpo a cuerpo como nosotros.

El segundo tipo de enemigos que encontraremos son los precipicios, de los que no recuerdo haber visto tantos en ningún otro videojuego. ¿Tú también los odias? Te caes y se acabó la fiesta, te comprendo, pero vete haciendo a la idea porque Ghosrunner es fundamentalmente un juego de parkour y street running donde vas cortando algunas cabezas.

Y luego está la madre del cordero. He dicho que los enemigos son tanto los malos como el propio entorno, pues bien en Ghostrunner haremos frente a cuatro jefes y, adivinad qué, dos son antagonistas al uso y dos son unas pantallas hostiles y horripilantes que por momentos nos parecerán infranqueables, aunque también hay que decir que son impresionantes.

Ritmo frenético

Ghostrunner, apoyado en sus tiempos de carga y su concepción misma, es un juego que invita a seguir sin parar, de hecho siempre vamos corriendo como bien indica su propio nombre.

Esto no es óbice para que podamos tomarnos un respiro en según qué momentos. Por ejemplo cuando nos hablan el Arquitecto o Zoe, dos personajes que nos guían a través de la aventura y a quienes nos interesa escuchar, cosa difícil si vas caminando por las paredes entre disparos…

Además Ghostrunner ofrece tres tipos de coleccionables: unas grabaciones de audio que enriquecen la trama, unas reliquias de tiempos pasados antes de lo que se ha denominado el Estallido y una serie de katanas que además podemos ver reflejadas en el juego.

A mi modo de ver la exploración para obtener estos objetos podría haber sido más imaginativa y me viene ahora a la memoria el nuevo Doom, que también es frenético pero sabe esconder sus coleccionables ingeniosamente. Sin embargo está claro que Ghosrunner no pretende hacernos perder el tiempo en búsquedas.

Por último, también podemos tomarnos un respiro a la hora de configurar nuestras mejoras, para lo cual tenemos un curioso panel donde encajar piezas de tipo Tetris, incluso rotándolas, optimizando el uso del espacio para colocar cuantas más podamos.

Ambiente ciberpunk

Al principio del análisis os decía que Ghostrunner está totalmente al día en lo técnico, pero sería más apropiado decir que está realmente bien, tanto en lo que respecta a la ambientación como al acabado gráfico.

La aventura se desarrolla en la inmensa torre Dharma, por la que debemos subir hasta llegar a lo más alto. La ambientación se divide en tres zonas, que vienen a ser los subniveles, la parte residencial y los laboratorios de las plantas superiores. Habría una cuarta zona en el llamado cibervacío, donde además el juego se permite introducir algunos puzles.

Todo está recreado no sólo con abundantes detalles, sino en unos entornos muy bien estructurados, que trasmiten perfectamente el mundo futurista y a la vez decadente de Ghostrunner.

En cuanto al aspecto visual, empecé el juego a 60fps constantes aunque sin v-sync. Alguien del equipo desarrollador debió de pensar que era mejor implementar la sincronización vertical a cambio de introducir frame rate variable, cosa que ha llegado con el parche 1.05 y que a mi particularmente no termina de convencerme.

En cualquier caso, tanto si prefieres una tasa de imágenes más sólida como una imagen menos parpadeante, lo que vas a ver son unos gráficos muy definidos y bien acabados.

Con respecto al sonido, tenemos una música de corte futurista que por momentos se luce, aunque generalmente no pasa de discreta. Las voces están en inglés con subtítulos en castellano.

Conclusión

¿Qué idea os habéis llevado? Recapitulemos…

Ghostrunner, empezando por el final, es un juego con un buen acabado técnico y una soberbia ambientación.

Es también una experiencia que no abunda, donde la responsabilidad de evolucionar es nuestra como jugadores y no del personaje al que inflamos a mejoras.

Y definitivamente es un título tan frenético como difícil, donde la muerte es constante y amenaza con frustrar, pero donde al mismo tiempo nos sorprenderemos de cómo acabamos superando zonas en principio infranqueables.

En definitiva, Ghostrunner es un título altamente recomendable para los amantes de la acción que al mismo tiempo busquen una experiencia diferente y desafiante. Lo mejor que puedo decir del juego es que yo me sorprendía a mí mismo arqueando los empeines a cada salto imposible, y eso no es algo que pase todos los días.