Introducción

Code Vein es un juego en el que me fijé hace tiempo, cuando no era más que un proyecto del que tan sólo se habían mostrado algunas imágenes. Anunciado nada más y nada menos como un juego de rol y acción, con tintes a lo Souls pero un marcado estilo anime, la cosa pintaba de miedo.

Podría decirse que con este título tuve una corazonada, una extraña y a la vez inconfundible sensación de que tenía que seguirle la pista. ¿Significa esto que Code Vein estaba destinado a ser un juegazo, o por el contrario hay veces en que la intuición puede fallarnos? Vamos a intentar desgranarlo.

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La mención obligada

Pienso que un análisis debe ser algo que transmita una sensación, más que limitarse describir uno por uno los elementos de un juego. En este caso el cometido es muy sencillo, ya que sólo debo referirme a la saga Souls.

La obra que Miyazaki-san empezara con Demon’s Souls viene a ser algo así como Matrix en el mundo del cine: ha creado toda una escuela. Si cito la saga Souls, las sensaciones llegan solas. ¿Y si no la conoces? Entonces, con sinceridad, te diría que te has confundido de afición.

Vaya por delante que Code Vein es otra imitación más, una que intenta aportar sus propios ingredientes pero se queda lejos de la genialidad, por muy fanático que seas del anime. La idea es esencialmente ésa: un juego de estilo Souls con estética de animación japonesa, donde recolectamos sangre para subir de nivel, la dejamos en un charco si morimos, y descansamos en “hogueras” que esta vez son plantas de muérdago.

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Esto conlleva una ventaja, pero también un riesgo tremendo. La ventaja es que estás utilizando una fórmula que se sabe funciona, y además funciona endiabladamente bien. Algo tiene eso de dejarte las “almas” por el camino, que cuando mueres corres hacia ellas como un verdadero yonky. El sistema de características con letras, en plan A+, B, etc., también ha sido importado aquí, junto a las modificaciones a los stats en función de ellas. Además tenemos grandes mapeados interconectados, una generosa variedad de armas, enemigos que reaparecen cuando descansamos, etc.

¿Y la parte arriesgada? Pues sencillamente que si copias una fórmula te estás comparando con el verdadero heraldo de la misma, que en este caso podría ser Bloodborne, Dark Souls, Sekiro… tanto da, son todos obras maestras. Es precisamente esta comparación la que puede jugarte una mala pasada, hasta el punto de que la gente vea en tu juego algo peor de lo que en realidad es.

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Por lo tanto, haceros esta idea: Code Vein es un título que intenta copiar muchas de las ideas de la saga Souls, con mayor o menor éxito, y que pretende encontrar su nicho entre los aficionados al manga y el anime. Oye, la idea no suena nada mal, pero sigamos a ver qué tal ha ido la cosa.

Un marcado carácter anime

Según escribo el título de este apartado, yo mismo me pregunto si se va a entender como algo bueno o malo. Puede que hayas pensado “¡cojonudo!” o tal vez “castaña…”, pero déjame decirte que ambas posturas son ciertas.

¿Das mucha importancia a la historia? Entonces el tufillo a culebrón japonés súper hortera te va a cantar a la legua. El hilo argumental es endeble, está explicado con alfileres y, aunque avanza, no llega a hacerlo de una forma muy satisfactoria. Pero tampoco seamos hipócritas, ¡que los Souls no van a pasar a la posteridad por sus elaborados guiones! Incluso, todo sea dicho, Code Vein tiene sus momentos emotivos.

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La trama aquí es una mera excusa para juntar a una serie de vampiros (los resucitados) que se zurran con unos monstruos (los perdidos), los cuales básicamente antaño fueron otros chupasangre, sólo que éstos sucumbieron a la sed. Nos movemos por una zona post apocalíptica acotada por la llamada niebla roja, de modo que debemos buscar una fuente para purgar todo el sistema de miasma y proveer a los buenos vampiros de perlas sangrientas para que vivan felices y coman perdices junto a los humanos.

… No digas que no te lo advertí, pero tampoco seamos crueles. Hay ideas curiosas, como el hecho de que los vampiros fueron creados para la gran guerra, a modo de soldados inmortales, gracias al descubrimiento del parásito ROB; la tercera generación de éstos nació tras el llamado Hundimiento, en la zona delimitada por la mencionada niebla y habiendo perdido casi todos sus recuerdos (que podremos recuperar por el camino). Además el argumento llega a complicarse un poco, despertando cierto interés.

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Dejemos en cualquier caso la historia como lo que es: una simple excusa para conducir un endeble hilo narrativo y hacernos avanzar en el juego. Vamos con la otra parte del carácter anime, la buena.

¿Te gusta la estética de los dibujos japoneses? ¿Su estilo inconfundible? ¿Ese toque indudablemente genuino? Entonces vas a disfrutar de Code Vein, porque este juego es completamente fiel a esa filosofía. Desde los trajes hasta las caras, las expresiones, los movimientos, el estilo de las armas, o detalles tan japos como la inclusión de unas aguas termales… en este sentido Code Vein hará las delicias de los más aficionados.

Voy a aprovechar para hablar en este apartado del editor de personajes que ofrece Code Vein y que, de buenas a primeras, invita a pensar que estamos ante una obra de culto. Y no es para menos: no recuerdo haber visto unas opciones de personalización tan generosas en un juego de estética anime. No es exagerado decir que podéis perder literalmente horas en confeccionar a vuestro héroe (o heroína) favorito, haciéndolo verdaderamente único.

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Si queréis saber mi opinión, creo que alguien en Bandai Namco pisó el acelerador de este desarrollo, porque no es ni medio normal el nivel de calidad y detalle del editor de personajes en comparación con el resto del juego. Pero sigamos con el análisis para saber por qué.

Un mundo devastado

Code Vein presenta un entorno post apocalíptico, pero no a lo Mad Max o incluso El Puño de la Estrella del Norte, sino más fantasioso, más de dibujos por así decirlo, por momentos incluso bonito en su estética imposible. Vaya por delante que aquí, sin excepción, todos son guapos, atractivos y gente cool, desde tíos molones a lo dandy de Akihabara hasta mujeres pechugonas de medidas imposibles. Vamos, que esta versión del apocalipsis es muy peculiar por así decirlo.

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A lo largo del juego vamos a desplazarnos por distintas zonas interconectadas. En este sentido tenemos que hacer el primer gran reproche a Code Vein: no intentes jugar en la liga de los mayores si el mapeado, que a fin de cuentas es el esqueleto de la aventura, está tan poco inspirado.

El sistema de pantallas recuerda un poco a Demon’s Souls, en el sentido de que hay diversas zonas claramente delimitadas, pero también a Dark Souls porque todas están conectadas entre sí. El problema es que no vamos a encontrar esos caminos y pasadizos que, para nuestra sorpresa, de pronto conducían a ese lugar que habíamos visitado hace lo que parecía un millón de años; aquí todo forma parte de un recorrido esencialmente lineal, aunque también hay mazmorras a modo de bonus que recuerdan a los Cálices de Bloodborne.

Sin embargo, incluso dentro de un mismo escenario, Code Vein peca o bien de una excesiva simpleza o, al contrario, de un intrincado recorrido que pretende ser desafiante pero más bien abruma.

Aunque hay pantallas mejores que otras, vamos a dejarlo claro: no todo el mundo puede copiar no ya el ambiente cautivador de los títulos de Miyazaki, sino sencillamente la genial estructura de sus mapeados. En este sentido la gente de Deck13 lo hizo mucho mejor con Lords of the Fallen o The Surge, todo sea dicho.

Estilo de juego

Siguiendo con la odiosa comparación -esta vez sin embargo buscada a conciencia por los chicos de Shift-, el sistema de juego tampoco puede competir con lo visto en la saga Souls, principalmente por dos factores.

En primer lugar, el combate está algo verde. Hay armas demasiado buenas en detrimento de otras que palidecen en comparación. Si existe alguna estrategia más allá de atacar el primero y propinar tantos golpes como puedas y tan rápido como sea posible, yo no me he enterado; incluso hay un ataque de drenaje muy espectacular, pero poco práctico y por tanto desaprovechado.

No es que los títulos de From Software fueran un beat’em up, pero incorporaban su propio sistema de combate con un fuerte componente estratégico que aquí, de existir, queda muy desdibujado.

Lo dicho en el párrafo anterior también se debe al otro gran talón de Aquiles de Code Vein: los enemigos. De hecho, si tengo que elegir el punto más flojo del juego, sería todo el rebaño de antagonistas que, con la excepción de algún boss bastante decente, son la cosa más anodina y descafeinada que he visto en mucho tiempo.

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En Code Vein los malos básicamente deambulan o esperan infantilmente tras una esquina, eso es todo. Bueno, miento: a veces salen de una cornisa donde se los ve burdamente agazapados. Nadie nos va a atacar desde una posición comprometida, rodearnos, tendernos una emboscada, y cuando así ocurre de alguna forma lo sientes predefinido. La inteligencia artificial no existe: por ejemplo, si dos enemigos están literalmente pegados y disparas sólo a uno, será ése quien venga corriendo, con su colega de fondo mirando las musarañas.

El nivel de dificultad es bajo en comparación con los Souls, lo que para algunos usuarios puede ser una ventaja. Pero incluso en este sentido las cosas están cogidas con alfileres: la dificultad aquí no la marca otra cosa que la energía que quitas y la que te quitan, no el desafío que realmente suponen los enemigos.

Por el lado bueno tenemos que destacar los códigos de sangre y todos sus dones asociados, lo que permite un nivel de personalización muy alto. Para que me entendáis, es como si pudieras adquirir las características del pícaro, el paladín, el mago, el guerrero, etc., cada una con sus propios stats y un buen número de habilidades exclusivas, aunque podemos interiorizarlas para después usarlas con otras categorías. Además se puede elegir el código de sangre en cualquier momento durante la partida, llegando a ser muchos.

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Hay algo más que es bueno, y ahora es el momento de decirlo. Como veis no he dejado de comparar Code Vein con la saga Souls, habiendo salido el juego de Shift vapuleada de esta lid. Me ha parecido justo porque debo dejar patente la gran diferencia que separa ambas obras, para que nadie se lleve a engaño.

…Y sin embargo, carajo, cuesta dejar el mando. Incluso ante estos enemigos bobalicones, a pesar de recorrer escenarios más enrevesados que interesantes, algo pasa que sigues enganchado. No creáis que no lo he pensado mientras jugaba: el pique estaba ahí sin duda, incluyendo las ganas de limpiar el escenario a la vez que avanzas, esa decisión arriesgada de girar la siguiente esquina por si aparece una “hoguera”, el farmeo de material para mejorar nuestra arma, etc.

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En este sentido me preguntaba si la receta de Miyazaki es esencialmente infalible, incluso copiada burdamente, o si el rollo de Code Vein, con su estética anime y esas armas enormes, las aguas termales, el editor al que podemos volver para cambiar de aspecto, los vestigios que desbloquean nuevos dones… si todo eso, decía, tiene algo que aparentemente se escapa pero a fin de cuentas te mantiene enganchado.

Y debo decir que me decanto por esto último. Lo mejor que se puede decir de un juego es que quieras volver a él y en el caso de Code Vein, pese a sus defectos, esta sensación es patente. No vas a alucinar como sólo los Souls consiguen, ni mucho menos, pero en definitiva es probable que te diviertas.

Para acabar con este apartado sobre el estilo de juego, deciros que en Code Vein podemos ir siempre acompañados por un coleguita controlado por el “ordenador”, lo que es otro rasgo genuino. Al principio serán dos los compañeros disponibles, pero esta plantilla se irá incrementando.

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También podemos aprovechar las funcionalidades online del título para jugar en cooperativo (no en PvP), con una salvedad: el amiguete al que invitemos tiene que haber superado ya esa zona, lo que equivale a decir que para pasarse Code Vein en cooperativo al menos uno de los dos jugadores tiene que haberlo terminado antes. El invitado puede recoger los objetos que sueltan los monstruos, no así los que se encuentran repartidos por los niveles, y obtiene diversas insignias y medallas para decorar su hud como buen samaritano.

Aspecto técnico

En algunas reviews podéis haber leído que Code Vein, pese a correr a 60fps que francamente se agradecen, sufre caídas en la tasa de imágenes. Adivina adivinanza, esto ha sido corregido en la versión 1.02 del juego. Y, adivina adivinanza otra vez, ¿cuándo salió este parche? ¡El día que finalizaba el embargo para que los medios publicáramos los análisis!

Así está el mundillo amigos, a veces da rabia analizar juegos porque casi sin excepción acaban mejorando con parche; pero que lo hagan justo el día que salen los análisis es directamente masoquista por parte de los desarrolladores. El caso es que, hoy por hoy, podéis quedaros tranquilos con el tema de los fps, que aguantan bastante bien salvo en casos muy puntuales.

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El resto del apartado gráfico es bastante resultón, con algunos altibajos en los escenarios pero en general buena calidad. Los modelados de los personajes protagonistas son soberbios y harán las delicias de los aficionados al anime; los monstruos son más discretos sin estar mal por ello.

Las animaciones no pasarán a la posteridad, pero cumplen sobradamente. Brillan especialmente durante las escenas cinemáticas, que es lo más parecido a ver una peli de dibujos japoneses, incluyendo todas sus flipadas características.

Con respecto al sonido, tenemos voces en inglés y textos traducidos al castellano. Extrañamente el protagonista no habla nunca, cuando pienso que podrían haber grabado una voz de hombre y una de mujer, proporcionándole así algo más de personalidad; pero esto es algo que ya hemos visto en otros juegos de rol japoneses e imagino que busca hacernos sentir directamente a nosotros, como jugadores, los auténticos protagonistas.

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Ojo a las músicas de Code Vein, por cierto, ya que si bien hay temas bastante anodinos que pasan casi desapercibidos, otros son bastante cañeros y rayan a buen nivel. En la iglesia abandonada que hace las veces de nuestra base podemos escuchar diversas melodías.

Conclusión

Ha costado unos cuantos párrafos, pero aquí estamos para escribir la conclusión: esa parte que muchos leen antes de ver la nota y da gracias.

Quienes habéis leído todo, ¿qué pensáis? Yo lo tengo claro: no tiene sentido jugar a Code Vein si no has probado antes los juegos de la saga Souls e incluso algunos otros que la copian con mejores resultados que esta incursión de Shift.

Sin embargo, volvemos a lo mismo: la saga Souls son palabras mayores, y te das cuenta precisamente al jugar a estos títulos que tratan de imitarla como mejor pueden. Code Vein no es para nada un mal juego, simplemente palidece respecto a los máximos exponentes de este particular subgénero.

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Pienso también que Code Vein ha sufrido un cierto desarrollo precipitado -y eso que en teoría se retrasó-, porque algunas decisiones de diseño no se entienden. Particularmente los enemigos son simplones y poco amenazadores, repetitivos, tontos del bote y muy predecibles. Y con esto ya lo digo todo.

En definitiva, si el anime te gusta más que los propios videojuegos, aquí vas a encontrar a personajes que parecen dibujos animados, muy currados, en un ambiente fantástico de corte japonés con una trama ligera. Si sólo buscas una experiencia de tipo Souls, Code Vein se queda corto pese a su estilo prometedor.

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