Hemos realizado este análisis con una copia digital (versión PS4) ofrecida por Koch Media. También disponible en PC y Nintendo Switch.

Hoy en día la comunidad de jugadores es cada vez más exigente, y se piden títulos que sorprendan a la vez que resulten originales. Yoko Taro, quien ya nos ha sorprendido en varias ocasiones con historias como la de NieR, es consciente de este problema y ha planteado su solución con Voice of Cards: The Isle Dragon Roars.

Y es que para ser original bastaba con usar un sistema más antiguo aún que los propios videojuegos, nunca un juego de rol con cartas había estado tan bien representado como en esta ocasión, resultando una idea bastante original, aunque se deja algunos cabos sin atar por el camino.

A la caza del dragón

Como si de una historia de rol auténtica se tratase, la trama tendrá lugar en un mundo mágico cargado de fantasía, donde un dragón asola a la población. Para lidiar con este problema, la reina de la nación busca valientes aventureros que sean capaces de enfrentarse a él.

Nosotros encarnaremos al héroe más fanfarrón de todos, que va a acompañado de su leal monstruo, una simpática criatura que, al igual que todos los personajes de Taro, esconde una oscura historia detrás.

Juntos, formaremos equipo con una maga negra de lo más rezagada, y ahí dará lugar nuestro periplo.

Como viene siendo habitual en el universo de Yoko Taro, la verdadera motivación de la trama siempre queda oculta tras una cortina mucho más simpática y típica, y a medida que vayamos avanzando en esta, descubriremos que estamos ante otra obra llena de matices oscuros a los que el director nos tiene acostumbrados.

Quizás no sea tan profunda como las de NieR y Drakengard -de las limitación del título también hablaremos-, pero seguro que sabrá encandilar a los amantes de este tipo de historias, donde todos los personajes -incluso los NPC- ocultan una doble máscara. Eso sí, pese a su brevedad argumental, hay alguna sorpresa y giro de guión, que es mejor que disfrutéis vosotros mismos.

Todo un mundo de cartas que maravilla a cualquiera

El principal atractivo del juego, es también uno de los más simples, todos sus personajes, armas, hechizos, enemigos y en general, todo su mundo, está compuesto por naipes. Una decisión artística algo arriesgada pero bien conseguida, que ha conseguido transmitirnos lo que ninguno otro juego de rol casero había conseguido hasta el momento, hacernos partícipes de la partida.

Para hacerlo más real, contaremos con un GM -Game Master- que será el encargado de narrar cada suceso que tenga pie en el trascurso de la aventura, cada conversación que tengamos, cada reacción de un personaje o cada actividad, será contada por este interlocutor que será la única voz en activo que sintamos.

El problema comienza cuando, pese a sentirnos muy inmersos en el mundo del juego gracias a las cartas y a la labor del GM, nos damos cuenta que más allá de eso, es solo un RPG por turnos más, y cuanto más se alarga el título, más se prolonga esta sensación.

Es por ello, que a medida que pasan las horas, nos sentiremos menos encantados con el mismo, y más dentro de un RPG clásico, por lo que, que la aventura sea no sea muy larga, puede considerarse incluso un acierto.

Combates cargados de magia y fantasía, sin ser demasiado profundos

Ya hemos contado que estamos ante un RPG por turnos, donde tres de nuestros héroes se enfrentarán a un grupo de máximo tres enemigos por turnos. Al comienzo de cada turno, se nos otorgará una gema con la que podremos realizar acciones.

Las acciones tienen un coste muy variado en función al efecto de la misma, variando desde 0 a 5, por lo que tendremos que pensar bien cuando conviene más ahorrar las gemas o gastarlas.

A esto hay que sumarle, que determinados combates tienen normas que se aplican en cada turno, como un aumento del ataque o la defensa de todos los personajes -también rivales- u otros parecidos.

Estados alterados, debilidades elementales y un sinfín de elementos de rol de Final Fantasy también están presentes, por lo que la magia y la fantasía está servida.

Además contamos con cinco personajes a controlar, cada uno con habilidades distintas, algunos más enfocados al ataque, otros a servir de apoyo… cada jugador podrá formar su grupo en cuestión a sus preferencias, permitiéndonos ideal distintas estrategias.

El problema viene, cuando pese a todo esto, el sistema de combate no es demasiado profundo. Por poner un ejemplo, podemos subir de nivel, pero no contamos con ningún otro sistema de mejora que lo hagan algo más rolero o personalizado.

Los combates rápidamente se pueden volver monótono, aunque a medida que progresamos iremos aprendiendo nuevas habilidades que nos harán reorganizar las habilidades que llevamos equipadas -máximo cinco- y pensar en estrategias distintas.

Por supuesto tampoco faltan las herrerías y demás sistemas para conseguir equipo nuevo y más eficaz, aunque hemos de decir que hay juegos de rol con una variedad de equipamiento mucho más alta.

El sistema de combate es aleatorio, y nos ha gustado, sin más, sin llegar a ser muy profundo ni muy difícil, pues hasta los combates más difíciles del juego -si, hay combates secretos-, pueden hacerse de una pasada y sin morir si vas bien preparados.

A estas declaraciones hay que sumarle que el nivel máximo para subir a nuestros personajes es el treinta, por lo que esto es un buen reflejo de la duración del juego.

Un apartado técnico muy llamativo, y cargado de fantasía medieval

Como hemos dicho, el apartado gráfico del juego, realizado por completo con naipes, a cada cual más fantástica de la mano de Kimihiko Fujisaka – a quién recordaremos de Terra Battle-, con un buen diseño de personajes y buenos efectos visuales a la hora de realizar nuestros movimientos -las cartas se mueven como si fueran reales a la hora de luchar-.

Por otra parte, los movimientos en el mapeado son algo lentos y toscos, muy difíciles de controlar en el mapamundi -que es fantástico, eso sí-, y chocar contra una pared, montaña o fragmento de mar se resume en una pérdida de tiempo.

Lo mismo pasa a la hora de organizar nuestro inventario, el estar totalmente adaptado a la temática de cartas no le ha sentado bien a algunos apartados, y pronto echaremos de menos que los menús y combates puedan ser algo más ágiles.

Visualmente, se ve bien en todas las plataformas, pero quizás le saque algo más de provecho a la versión de Nintendo Switch, pues podemos usar la pantalla táctil de la consola para desplazarnos o emplear nuestras acciones en combate -es bastante más real hacerlo así-.

La banda sonora, vuelve a correr cargo de Keiichi Okabe, a quien ya pudimos escuchar en NieR, y vuelve a repetir éxito con esta sin ser tan épica pero dejando temas memorables para nuestro oído.

Pese a que el juego no tiene duración muy estimada –unas 10 horas, quizás menos, si vamos a saco con el modo historia-, también hay algunas tareas secundarias que alargan su duración.

Encontrar el mejor equipo para cada personaje, jefes secretos, completar la lista de cartas… pueden estirar algo más la duración de esta, dejando algunas además un buen argumento que merece la pena leer.

En total, hemos tardado 16 horas en conseguir el ansiado trofeo platino del juego, nada mal si tenemos en cuenta que pronto da sensación de ser repetitivo y cumple bien con la trama.

Conclusiones

Voice of Cards: The Isle Dragon Roars nos ha dejado muy buen sabor de boca, y quizás con ganas de una segunda parte si esta tiene éxito. Un buen apartado artístico -aunque algo torpe-, buena trama y buen sistema de combates -sin llegar a rivalizar con otros RPG de mayor calibre-.

Gustará a los amantes del género, a la vez que nos permite ver algo nuevo, además, quienes quieran volver a ver algo más de Yoko Taro tras NieR, encontrarán aquí una oportunidad perfecta, el juego respira su aroma.

También ha llegado al mercado con un juego muy competitivo -29.99€-, que va a juego con su duración, la cual es perfecta e ideal para partidas cortas.

Si tuviéramos que pedirle algo más, sería algo más de profundidad en los combates y algo más de agilidad en los menús, pero quien sabe de cara a una posible secuela…