Este análisis ha sido realizado con una copia facilitada por Bethesda España. Juego disponible en PC, PLAYSTATION 5 (versión analizada) y XBOX SERIES S/X.
Introducción
Cuando Bethesda anunció Starfield, hace ya bastante tiempo, recuerdo perfectamente el hype: ¡un Skyrim espacial!
En su día me enamoré de Oblivion nada más salir de las mazmorras y contemplar la belleza de Tamriel, con esa luz que te inundaba. Le siguieron Fallout 3 y el mencionado Skyrim, todas obras maestras desde mi punto de vista, en buena medida responsables de la crisis de los juegos de rol japoneses que parecían el "come cocos" en comparación.
Entenderéis mi chasco monumental al saber que, de un plumazo, Microsoft compraba toda la compañía y por tanto sus sagas para Xbox, marcando el inicio de una jugada (por no decir jugarreta) que sólo ha hecho daño ante todo a ellos mismos.
Pero, ironías del destino, aquí estoy listo para analizar Starfield en PlayStation 5, ¡quién lo hubiera dicho!
Nadie es ajeno a la polémica en torno a un título que, así a lo tonto, lleva unos cuantos años en el mercado. En su momento lo que se esperaba como el buque insignia de Xbox pinchó, recibiendo algunas críticas bastante discretas.
Bethesda no ha dejado de trabajar en Starfield, como viene siendo habitual, y lo lanza en PS5 junto a la más importante actualización hasta la fecha, Free Lanes, que promete atender a muchas de las quejas y observaciones de los usuarios.
Ya con las manos en la masa, ¿cuál era la realidad en torno a estas polémicas? ¿Le atizaron al juego sólo por no salir en PlayStation? ¿Es tan aburrido como algunos dicen? ¿Tan bueno como otros sostienen? Vamos a descubrirlo.
Bienvenido a los Sistemas Colonizados
Starfield nos pone en la piel de un aventurero que, como de costumbre, podemos configurar íntegramente en un editor de personajes, con el aspecto y los antecedentes que queramos.
El planeta Tierra se fue a hacer puñetas hace tiempo, perdiendo casi toda su atmósfera, de modo que la humanidad se ha organizado en torno a Alfa Centauri y los sistemas próximos.
Hay toda una nueva organización política, esencialmente repartida entre los planetas bajo jurisdicción de las Colonias Unidas y aquellos que forman parte del Colectivo Freestar, guerra civil previa incluida.
Vaya por delante que en Starfield encontramos toda una suerte de organizaciones, departamentos, asociaciones, grupos y demás con su propio trasfondo, que contribuyen a crear una ambientación verídica. Mass Effect viene a la memoria en este sentido
Arrancando motores
La aventura comienza en una mina donde trabajamos como empleado, hasta descubrir un misterioso y fascinante objeto enterrado que nos causa visiones, alucinaciones y una empanada considerable.
No tardará en aparecer un miembro de Constelación, grupo apolítico dedicado a la exploración y descubrimiento de las maravillas del universo. Resulta que siguen la pista de estas misteriosas reliquias.
Tras evadir a unos malvados piratas por el camino llegaremos a Nueva Atlántida, sede de Constelación. El resto os lo podéis imaginar, pero básicamente consiste en emprender una noble y casi metafísica misión a lo largo y ancho de la galaxia.
Esto me suena
Vaya por delante que el tamaño de Nueva Atlántida, la ciudad de Neón y otros grandes emplazamientos no tiene parangón entre los títulos de Bethesda. No llegan a ser la Night City de Cyberpunk 2077, pero sencillamente porque hay varias urbes independientes.
El caso es que no dejarán de saltarnos misiones secundarias cual palomitas. Starfield deja claro que, si buscas perderte en su ambientación, puedes hacerlo desde el principio.
Las tareas que nos encomiendan se dividen entre las más sencillas y otras que en sí mismas son tramas paralelas de considerable interés. Todas en cualquier caso tienen su chicha.
El menú de Starfield no es de lo más intuitivo, aprovecho para decirlo aquí, sobre todo por el tema de los mapeados que son bastante ortopédicos. Por suerte el seguimiento de las misiones está perfectamente estructurado y siempre tendremos un marcador flotante que nos dice dónde ir, aunque entre las muchísimas opciones del juego podemos desactivarlo.
La atención por los detalles
Dentro de estos mundos (literalmente), es asombrosa la cantidad de objetos que encontramos. Sí, objetos.
Como es marca de la casa, podemos coger hasta un bandeja para luego venderla, por no hablar de la ingente suma de armas, municiones, trajes, comida, potenciadores y ayudas.
El equipo se organiza por rarezas con el típico código de colores, pero Starfield va un paso más allá en cuanto a la investigación, búsqueda de recursos, construcción, personalización, etc. Hay toda una serie de capas adicionales de jugabilidad, otro tema es que consigan divertir, ya que algunos elementos se sienten metidos por "llenar el saco". Por suerte puedes ignorarlos completamente.
Ahora que se habla tanto del coste de desarrollar juegos triples A, me imagino a los encargados de crear miles de objetos tridimensionales, que por supuesto puedes rotar y ver con todo lujo de detalle. Parece de lo más sencillo y con todo es una labor tremenda.
Eso sí, en esta ocasión no podemos manipular ni mover cosas, algo bastante peculiar sobre todo si dejamos un fiambre en medio de la calle.
En este punto quiero hacer una mención específica de la ropa: el acabado de los diversos tejidos y su cantidad de detalles son dignos de elogio.
La parte buena
Puesto que en el siguiente apartado voy a señalar dónde considero que falla Starfield, creo que merece la pena detenerse antes en lo bueno, y en este caso antes es también mejor.
Tenemos una ambientación soberbia, con buen trasfondo, repartida por una cantidad de ubicaciones que, todas juntas, superan en varias veces la extensión del mapeado de Skyrim.
Hay una cantidad ingente de tareas y misiones secundarias, algunas muy interesantes que se desarrollan en los lugares más inesperados. Starfield es un devorador de horas incomparable, que cuento como algo positivo porque siempre puedes ceñirte a la historia.
Lo más impactante es tal vez entender que puedes aterrizar no sólo en los emplazamientos señalados, ¡sino en cualquier punto de un planeta! Estas zonas se generan proceduralmente como no podía ser de otra forma, pero se las apañan para ofrecer cosillas por descubrir, escanear, inventariar... Por ejemplo, explorando una mina abandonada me encontré el último mensaje de un minero atrapado, que puedes llevar a su esposa.
Se ha hablado sobre los límites en formato cuadrícula de los terrenos explorables, pero estas cuadrículas se desplazan con nosotros, siendo aún más grandes de lo que parecen.
Me ha encantado la posibilidad de acoplarse a otras naves y estaciones espaciales. Starfield consigue que encuentres algo por ahí aparentemente perdido, y de pronto es un sitio súper interesante con una misión de lo más original.
La trama, sin ser de libro, es lo bastante intrigante como para enganchar y el tema de los viajes espaciales, que es un arma de doble filo, indudablemente aporta su encanto en lo que se refiere a ubicaciones muy diferentes entre sí.
También me ha gustado que Starfield se puede jugar en tercera persona, ya sea a lo Resident Evil 4 o desde una perspectiva algo más alejada, lo que se aplica también a la conducción de vehículos. Por cierto las animaciones han mejorado bastante con respecto a lo que estábamos acostumbrados.
El resto -y sería un verdadero rollo desgranar cada detallito- es un RPG típico de Bethesda, que básicamente encandilará a sus fans. A destacar quizás las muchas opciones de diálogo, yo diría que incluso más de lo habitual.
El problema de Starfield
Vamos a reunir en un mismo apartado la chicha, la salsa, el tomate o como queráis llamarlo... ¿por qué Starfield no terminó de cuajar?
Yo lo tengo claro: la ambientación espacial juega en su contra, aunque tras su anuncio todos soñáramos con una epopeya increíble.
En otros RPG de Bethesda te mueves por un único mundo enorme. Estás en un pueblo, miras a lo lejos, ves unas montañas distantes y sabes que literalmente puedes ir allí. Pero no hablamos de un viaje rápido, que es opcional entre lugares ya descubiertos. No señor: puedes coger el macuto y emprender la marcha, atravesando valles, ríos, ruinas, grutas...
Por el camino luchas, descubres, imaginas, conoces a otros personajes, incluso te quedas embobado contemplando el entorno. Lo normal es que te desvíes del rumbo original y al final, como en ningún otro juego que yo haya visto, te pierdas en el mejor de los sentidos, casi olvidando que existe un argumento principal. Todo se siente vivo e interconectado.
Esa magia se rompe en Starfield por pura lógica, ya que a pesar del esfuerzo titánico por ofrecer grandes ubicaciones con sus respectivos secretos, éstas se encuentran dispersas. Saltar de un punto a otro deja de ser opcional.
Bethesda ha introducido el "esperado" modo crucero para viajar en tiempo real entre planetas de un mismo sistema solar, pero aparte de romper el realismo no aporta realmente nada reseñable, salvo algún encuentro ocasional y más bien anecdótico. Si queréis saber mi franca opinión, supone un esfuerzo para contentar a unos cuantos frikis de las naves que se podrían haber ahorrado.
La cuestión de fondo es que Starfield nunca fue, y sigue sin serlo, algo parecido a un simulador espacial tipo No Man's Sky. Es más bien un RPG con (inmensas) zonas acotadas.
Salvando las distancias, tuve una sensación similar con Nioh: no tenía esos mapas magistralmente interconectados de los Dark Souls, sino que estaba estructurados en misiones independientes que no le hacían ningún favor.
¿Ganas algo a cambio? Bueno, ante todo una escala nunca vista en un juego de Bethesda. Tiene gracia que esté en el apartado de lo malo, porque no puedo dejar de rendirme ante el trabajo inconmensurable que hay detrás de Starfield.
También tenemos la gestión de la nave espacial, que en honor a la vedad no termina de ser algo divertido o estimulante: puedes reclutar a tripulantes, comprar aeronaves nuevas, mejorar sus sistemas, pintarlas y modificarlas, ¡concho puedes hasta cambiar los muebles!
El combate naval tipo arcade tiene su gracia, pero no es particularmente destacable, sintiéndose más bien como algo que había que meter por narices.
Apartado técnico
Gráficamente hablando hay que quitarse el sombrero. No por ver las mejores expresiones faciales, las estructuras más colosales, los efectos más potentes y los gráficos más punteros, sino porque todo ello luce francamente bien hablando de un juego gigantesco.
El motor, Creation Engine 2, se basa en Skyrim y no llega a ser un punto y aparte, pero sí supone un salto cualitativo importante, suficiente para transmitir una gran sensación de realismo y que estamos ante un pepino gráfico.
La ambientación desde un punto de vista técnico está mimada y eso se nota: da gusto entrar en cada tienda, en cada casa, en cada edificio, en cada nave. La meticulosidad es digna de alabanza.
Entre los parches que fueron saliendo llegó la posibilidad de jugar con un objetivo de 60fps. Lo curioso es que se permite esa configuración tanto en el modo rendimiento como gráficos, si bien no recomiendo esto último por el más que previsible petardeo.
Starfield no es una experiencia particularmente frenética y por tanto corresponde a cada jugador si prioriza la fluidez o la calidad visual, ya que el cambio en cuanto a definición me temo se nota bastante.
Respecto al Sonido, alcanza altos valores de producción, con una preciosa música orquestal que acompaña nuestros viajes. Los efectos son igualmente magníficos. Destacan por cierto las voces en castellano, pero la sincronización labial es una de esas cosas de Bethesda que... bueno, se pasan por alto.
Por último decir que la versión de PlayStation 5 aprovecha el DualSense con su esquema de colores, los gatillos adaptativos y la vibración, aunque de háptica tiene poco la verdad.
Conclusión
Me pareció una barrabasada que Microsoft exclusivizara Starfield y, siendo todo lo imparcial que puedo, me alegro de que haya terminado en PS5. No desde la perspectiva de un sonyer, sino pensando en los desarrolladores que ya expresaron el deseo de ver su obra en la consola de Sony.
No es para menos: el mimo y la ilusión con que se nota hecho Starfield estaban orientados a toda la comunidad de jugones, como los anteriores títulos de Bethesda. Sin embargo el juego nunca fue recibido como aquellos.
Ya hemos dicho los problemas que tiene Starfield y por qué no ha terminado de gustar a quienes buscaran una experiencia más accesible y directa. Es indudable que sobran menús, viajes entre planetas, despegues, transiciones, configuraciones... Da la sensación de que este delicioso terrón de azúcar -porque lo es- corre el riesgo de disolverse entre tanto (pero no tan profundo) contenido.
Ahora bien, al lector que suele acudir para leer las conclusiones y ver la nota: no sé cuánto ha cambiado Starfield desde su lanzamiento, pero en mi opinión ahora es todo lo que prometía a menos que seas un flipado, hablemos claro.
En definitiva si no le pillas el punto a los juegos de Bethesda, aquí no vas a encontrar nada diferente. Si esperabas que cada planeta fuera como Tamriel, pon los pies en el suelo chaval. Pero si no te importa dejarte llevar y perder unas cuantas horas, y disfrutas de un ritmo tranquilo a tu aire, Starfield es un título que nunca debería pasar desapercibido.

























