Moon Hunters es como un amor de verano. Ilusiona, pero amarga pensar en lo que pudo ser y no fue. Eso sí, ocasionalmente, es algo a lo que querremos regresar. No es un RPG de acción al uso, sino más bien un “test de personalidad jugable”, como lo describen sus desarrolladores, Kitfox Games. Similar a uno de esos libros de “elige tu propia aventura” que cautivaron a varias generaciones. En Moon Hunters puedes perder la batalla final, porque los héroes no ganan siempre, aunque se te recordará por tus actos, o eso promete el juego.

Moon Hunters

La Luna nos necesita

El título del estudio canadiense es un RPG de acción con rasgos de otros juegos de antaño, como The Legend of Zelda: A Link to the Past. Es a este último al que más recuerda, tanto por la opción de romper jarrones y plantas para obtener recursos, por el sistema de combate a corta y/o media distancia o como por su paleta de colores, que recuerda a épocas pasadas.

Respecto al argumento, empezamos en nuestra aldea natal, en la que se venera a la Luna como a una deidad. Tras dejar algo de libertad para que el jugador se familiarice con el sistema de combate, da comienzo el Festival de la Luna. Pero esta no aparece, cunde el pánico y se nos envía a averiguar por qué y evitar que el Clan del Sol se haga con el poder en un plazo de cinco días. Por cómo está planteado el título, dar con la respuesta lleva varias partidas explorando lugares del mapa que se generan proceduralmente.

Moon Hunters

La obra se centra en la narración, en la construcción de la mitología de su mundo. En la pantalla de inicio existe la opción de ver las constelaciones, pues, según cómo se desarrolle cada partida, acabaremos representados en ellas de una forma u otra. Nuestros actos y decisiones para con su mundo y sus habitantes definen cómo se nos recordará, aunque sin un peso clave en la historia.

De este modo, el juego invita a la exploración tanto para hallar corazones y ópalos (la moneda del juego) como para encontrarnos con otros personajes y comprar nuevas habilidades o simplemente hablar con ellos para construir nuestra personalidad. Así, encontraremos secretos que solo son accesibles según nuestro carácter, como un león al que solo podremos acercarnos si somos lo suficientemente valientes. La gracia está en que un solo personaje no va a reunir todas las condiciones de carácter, aunque se puede jugar solo perfectamente, pero esta opción es más un entrenamiento que el juego en sí.

Derrotar enemigos nunca fue tan simple… ni bonito

Moon Hunters invita a disfrutarlo con amigos o familiares, tanto por lo accesible que resulta como para acceder a los misterios que dependen del carácter de cada uno. Podemos elegir entre personajes de varias clases, desde un experto y veloz espadachín hasta un druida que combina el ataque a distancia con el cuerpo a cuerpo salvaje, pasando por una bruja, entre otros. Las habilidades de cada uno se complementan, también su personalidad. Así, el trabajo en equipo desentraña secretos, pero el cooperativo con hasta cuatro jugadores hace excesivamente fácil derrotar a los enemigos.

Para progresar en la historia, los jugadores avanzarán por el mapa derrotando a los monstruos que aparezcan, algo sencillo jugando en solitario, más si cabe en compañía. El sistema de combate recuerda al hack and slash más básico, combinando el machacar botones con esquivar en momentos puntuales. De accesible se torna simplón, pues si en solitario exige esquivar más y medir el tempo, el cooperativo permite atacar indiscriminadamente, sin precisar estrategia alguna. La IA de los enemigos es deficiente. O bien atacan sin mesura yendo de frente a por ti, o bien se quedan en el sitio si no te han visto, por más que un personaje como el druida les dañe a distancia. Derrotar a los monstruos genéricos, que cuentan con una resistencia paupérrima, es tan simple como concentrar los golpes de un par de personajes en uno de ellos para que duren poco más de dos segundos.

El problema con Moon Hunters es que sus promesas le devoran, pesa demasiado lo que pudo ser y no fue. Asegura que la importancia de nuestros actos definirá el cómo se nos recordará, pero eso no tiene la repercusión que se espera en el juego. Es cierto que aparecemos en las constelaciones del menú inicial y que las cinemáticas varían ligeramente en función de nuestro éxito o fracaso. Pero también lo es que los mundos, por muy proceduralmente generados que estén y bellos que sean, acaban haciéndose repetitivos y demasiado similares.

Además, cada nueva partida repite la misma base argumental, por lo que los cambios se notan poco. Para jugar de nuevo hay que fingir sorpresa por la desaparición de la Luna y conocer a personajes fundamentalmente iguales. Si juras diversidad y ofreces una obra esquemática en lo narrativo y simple en los combates, con pocas sorpresas más que algunos escenarios,  personajes o apariencias desbloqueables, no cumples con lo prometido. Ni un solo giro argumental significativo más allá de las reacciones al contestar de una forma u otra; casi siempre lo mismo.

Es demasiado básico como RPG de acción, pues las únicas opciones para mejorar a nuestro personaje consisten en comprar habilidades. Ni siquiera nuevas armas o pócimas, tan solo aumentos de alcance, potencia o duración de los ataques. Confuso a la hora de mejorar las estadísticas al acampar, pues a excepción de algunas, como la salud o la fuerza, no está claro qué mejora cada una ni cuál se adapta mejor a cada clase. Tampoco será recordado como el referente de los hack and slash, pues solo hay que machacar botones sin control para acabar con los enemigos, que repiten patrones demasiado fáciles de conocer y contrarrestar en solitario, imaginad en compañía. Un quiero y no puedo en el argumento y las mecánicas que se hace repetitivo, pero válido durante las primeras partidas, en las que todavía sorprende por sus gráficos y banda sonora.

Porque ese es el punto fuerte de Moon Hunters, su apartado artístico. Un pixel art muy cuidado y trabajado, acogedor y reminiscente de épocas pasadas, acompañado por una banda sonora excelsa que, aunque algo repetitiva, consigue el efecto evocador y de ambientación que el título necesita. Es cierto que ambos, tras dos o tres partidas, empiezan a ser repetitivos, pero por lo similares que son escenarios y canciones, no por falta de calidad.

Conclusiones

En definitiva, el trabajo de Kitfox Games es perfecto en la forma y las intenciones, pero sus errores pesan demasiado. Es precioso, pero peca de simplón en los combates y de repetitivo en lo argumental. Genera unas expectativas colosales que, por mi experiencia con el juego, no cumple. Por lo entretenido que resulta jugar unas partidas en compañía, es una buena opción para los que quieran relajarse y no busquen un reto difícil o una historia profunda.

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